
Sixto Solar bajó el cerro caminando despacio, saludando a las personas que se le cruzaban, y todas le devolvieron el saludo. Puedo hablar. Puedo existir. He conocido el olvido y lo he asesinado, la vida es hermosa, y digna de ser vivida. Vista desde lejos la vida es perfecta, tiene todo lo que tiene que tener. Vista desde cerca la vida es pesada, e incapaz de darnos la manera correcta de mirar la vida. Sixto Solar, por primera vez, quedo en paz con la historia que estaba contando, y entonces recordó aquellas palabras de Matilde, se dijo para sí, la primera vez que la vi fue la última vez que la vi. Ella no puede estar muerta, ya no tiene por qué estarlo.
Cuando llegó a la costa se puso a cantar, la mar estaba serena, serena estaba la mar, y llenas de muerte sus aguas, inundan mi tierra sin paz. La mar estaba serena, serena estaba la mar, la mar estaba serena, serena y sin avisar. Sixto Solar se sintió un niño, levantó sus brazos, puedo gritar desde el alma, levántate mar, levántate y devuélveme a mi mujer. Lo que he tenido que aprender ya está hecho, puedes mirarme si quieres, si no me crees, pero ya está hecho. Todo lo que me quitaste me lo devolverás, o tendré que lavar mis cucharas, y beberte hasta matarte. No tientes a un hombre justo, porque soy capaz de agarrarte por las orillas y levantarte hasta mirarte desnuda. Devuélveme a Matilde, por favor. Ella es todo para mí. Sin ella este mundo es un lugar más triste, más vacio, a ti de nada te sirve, pero aquí ella es luz. Devuélvenos a Matilde. Sixto se quitó los zapatos, remangó sus pantalones, se metió dentro del agua y se arrodilló para comenzar a beber el mar de a sorbos con la mano. Después con ambas manos. No me obligues, y rompió en llanto mientras seguía bebiendo, cada trago de agua era un día menos en el que el sol podría brillar.
Hasta que la mar escuchó. Una inmensa ola apareció de la nada, gigante, llena de sal y de muerte, rompiendo sobre el lomo del nuevo Sixto, tragándolo a él, antes que el hombre se beba la mar. Sixto Solar murió ahogado, lentamente. Y Matilde apareció sobre la orilla. Vuelta a la vida. Fue un cambio justo, para un hombre justo.
Cuando Matilde cobró conciencia recordó todo como si hubiera sido un sueño, recordó el patio de Sixto, recordó que el agua la había atrapado, y todo lo demás. Así como estaba, se puso de pie y salió a gritarle a todo el mundo, el mar tiene hambre, va a salir a comer, debemos irnos de aquí. Le dijo esto a cuanta persona se le cruzó por esas calles de corridas desesperadas y de palabras sin sentido. Pero nadie la escuchó. Cuando vio que todo era en vano, que algunas cosas simplemente tienen que pasar, a pesar de que no podamos comprender porque esto debe ser así, aunque no podamos entender como la pena, la muerte y el vacio tienen que ser parte de todas las historias, entonces regresó a su hogar, y se sentó en una silla de madera, en el patio, sin lágrimas en los ojos, a mirar la mar.
Esa misma tarde las costas fueron inundadas, destruyendo todo en su camino, y Matilde vio como esto ocurría sentada allí, sobre el cerro, mirando a la soledad del mundo, a la necesidad del ser humano de comprender lo que es existir, con una hermosa vista, a la muerte de Sixto Solar.
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