sábado, 5 de junio de 2010

Veinte


Pasaron tres años y el panorama era totalmente diferente. Sixto Solar estaba llegando tarde a una reunión, pero no estaba apurado. Iba caminando disfrutando del aire, de las caras de las mujeres, de la hermosa ciudad, y de las veredas cortas y angostas. Cuando llegó los que allí estaban sentados lo esperaban, estaban tomando sendos cafés. El primero de los que allí estaba era un profesor, amigo de Sixto de varias charlas, en otro momento habían pasado hambre y miseria juntos, allí se conocieron, compartieron la pobreza y la ignorancia, y luego sus caminos siguieron por lugares diferentes. Intentaron comunicarse varias veces, pero nunca tuvieron suerte en ayudarse, hasta que el profesor necesito algo de Sixto, y él pudo darle una mano. Desde aquella vez todo cambió entre ellos. Tanto fue así que, cuando Sixto comenzó a hablarle a las personas lo buscó, y el profesor, aunque no compartía algunas cosas de las que Sixto hablaba, compartía lo que quería decir, y gustaba de la forma en la que hablaba, a veces, así que, para ayudarlo, le prometió presentarle a un literato amigo suyo de bastante renombre en aquella época, para que Sixto sienta fecundidad en lo que hablaba. El profesor estaba medio incómodo con la tardanza, así que tuvo que excusar la situación filosóficamente, y le explicó al literato que la puntualidad, para Sixto, implicaba un conjunto de cosas que estaban mal. Pero como no supo que más decir lo dejó para después, ese no saber que decir no tenía que ver con no poder reconocer el problema de la puntualidad, sino con el hecho de que, en esas circunstancia, no había forma de platear aquella charla sin estar implicado lo ofendido en la demora, y todo lo dicho quedaría encerrado en la justificación, así que ambos hicieron silencio reconociendo la incomodidad y hablaron de otra cosa. Sixto llegó un rato después y se sentó feliz en el lugar que le habían guardado, también pidió un café, pero doble.
Señores, tengo muchas ganas de hablar en esta mesa. Así que voy a decirles algo hermoso. Yo sé. Y aquella afirmación fue recibida con gracia por los dos ancianos que lo miraban, esto fue así porque no hubo orgullo o soberbia, sino una clara actitud de provocación, de iniciar el dialogo desde un lugar difícil de sostener, los tres sabían que Sixto se estaba metiendo con una piedra demasiado grande para cualquier espalda, y eso hacía más interesante la charla, Sixto hizo de aquellos dos viejos unos chacales desde el principio, y él se transformó en cordero.
Miren Ustedes, lo primero que genera esa frase es sonrisas, y eso pretende el hecho de que la frase no puede ser sostenida, se cae. Entonces los aquí presentes aceptan desde el vamos que el conocimiento es suficientemente amplio como para encontrar montones de cosas que yo puedo no saber, entonces existen, sobre todo con interlocutores como Ustedes, muchísimas maneras de demostrar que lo que dije no es correcto. Y esto, a su vez, da por supuestas varias cosas. Lo primero es que la conversación tiene la intención de transitar sobre la sabiduría, es decir que queremos hablar, queremos decir cosas que contengan verdad, y el problema de la verdad incluso podría quedar resuelto en esta mesa, y eso sería para este momento perdido en el tiempo y la inmensidad del mundo, hacer de esta situación una belleza, una gema regalada al olvido. Lo segundo implicado es los lugares desde los que cada uno puede hablar, Ustedes han sido puestos en calidad de Jueces que saben reír, y esa es la primer virtud que un juez debe tener, todo lo que ha quedado implicado para con su forma de leer lo que yo diga ha sido ya planteado a su comprensión y predisposición por la frase inicial y lo que estoy diciendo ahora, incluso el hecho de que piensen podemos resolver aquí el problema de la verdad los está atacando desde el ego intelectual, elogio disfrazado, importancia del ahora, predisposición para la vitalización de este instante. Con todo esto quedamos ahora desnudos, este tipo de introducciones presentan la palabra, nos hacen capaces de generar, entre las personas, la condición necesaria para que hablemos de lo mismo a pesar de no compartir los mismos puntos de vista, las mismas ideas, los mismos gustos por la puntualidad. Esto es lo que yo sé, hay algo que puede ser sabido, pero para eso debemos primero ser capaces de salir de los lugares muertos en los que las palabras o se enfrentan o quedan vaciadas de contenido, y para esto es necesario un arte, que invoque la presencia del ahora, la importancia del lugar, esto que está aquí somos nosotros, hablando, diciéndonos, aunque las paredes no escuchen, la práctica de la palabra implica al universo. Esa es la importancia de lo que puede ser dicho, pero para ello hacen falta artistas.
En ese momento, con sincronización perfecta, el mozo llegó con el café doble, y dado lo que se había generado entre las personas aquello parecía una profecía auto cumplida, una manifestación de que algo estaba pasando. El literato tomó la palabra y comenzó a hablar. Yo también puedo saber cosas, igual eso no me hace capaz de decir yo sé. La acción de saber es esquiva, la afirmación implica una actitud frente a todo lo cotidiano, y eso es insostenible, no por falta de conocimientos, sino porque muchas veces, en lo que hacemos, no implicamos lo mismo. Fijate que no todo está en la misma lógica, a veces estamos de mal humor, y al de al lado no le damos ni cinco de bolilla. Esta arte tuya, tangible debo reconocer, y filosóficamente muy interesante, le dijo el literato cínicamente, tiene la virtud de ser transformadora, pero a la vez tiene el defecto de ser insostenible en el tiempo.
Gracias. Esa fue la respuesta de Sixto. Mire, lo que Usted dice es correcto, y es por ello que el problema se plantea en un plano interior. Esta acción de hablar pretende recuperar lo pronunciado pero no desde una mera situación que muere, sino desde una acción interior de transformación proyectada como delirio sobre el mundo, todo lo que expresamos es el resultado de lo que somos, del circuito de nuestras pasiones en eterno conflicto, entonces el foco de nuestro trabajo existe dentro nuestro, y lo que hacemos, lo que compartimos, es la consecuencia de aquello, que se manifiesta a través de situaciones en las cuales logramos devorarnos el sentido que circula entre las personas, el límite de las palabras. Este arte implica la transformación de la vida en su totalidad, el concepto es creacionismo, y la idea implica la capacidad de utilizar las herramientas filosóficas y artísticas para generar sobre nuestra identidad un proceso de ampliación, de experimentación desbordante, pero sobre todo implica la capacidad de crear situaciones, en las cuales los patrones de comunicaciones sean el resultado de una alteración a la continuidad, proyección de aquello que fermenta en nuestro interior. Por supuesto que esto no implica que todos los conflictos internos sean resueltos, de hecho eso es imposible, pero cada problema pasa a ser un problema a la creatividad, un límite a desbordar, en lugar de algo que padecemos. Hoy por hoy, si algo nos pesa, no sabemos cómo quitárnoslo de encima, porque no somos consientes de que podemos crear otra forma de interactuar que modifique lo que somos, y lo que hacemos de nosotros con los demás. A partir de aquí aprendemos a generar una conexión diferente entre las personas, leyéndolas experimentando lo que es ser el otro, sabiendo cómo hablarle a cada uno en sus palabras, y tomando cada agujero en el que alguien esté como un problema, como una situación que debe ser encontrada.
El profesor lo entendía y compartía, pero pensaba que su invitado sentía estar perdiendo el tiempo allí sentado, entonces habló así. Es muy interesante lo que decís, pero la fuerza que tienen tus palabras no es fácil de contagiar, y las herramientas de las que tú dispones tampoco son fáciles de transmitir, de hecho hay un gran problema frente al conocimiento, mientras se lo está incorporando existe la predisposición para hablar con todos, porque estamos en estado de aprendizaje constante, pero en algún momento se entra en una situación que es la de tu frase inicial, yo sé, y eso limita el proceso de incorporar conocimiento, y hace que lo incorporado se fije, adquiriendo rigidez y generando predisposición a tener razón en todo lo que digo. En cambio, así como lo planteas vos, ese yo sé ya no implica inmovilidad, sino creación, el movimiento existe en el generar, y eso sostiene la necesidad del movimiento, haciendo imposible que ese saber se considere estático o carente de temporalidad. Eso sí, el problema de las herramientas, o de las palabras es real, no todos tienen la formación que tú tienes, ni las ganas que tu tuviste, al margen de que los libros sean baratos a ti siempre te gusto leer, eso lo tenias ya, como hacemos para dar eso? Y eso que ese problema que yo planteo es anacrónico, porque antes que eso está el problema de la materialidad, nuestros pensamientos están concentrados en generar recursos para la vida, para pagar el alquiler digamos, y eso que yo comparto el interés, pero en el resto de las personas, encima que no tienen el interés, en muchos casos tampoco tienen las condiciones temporales para encarar este proceso.
Si, le dijo Sixto Solar, estás en lo correcto. Y esa es precisamente la virtud de todo esto, en el fondo implica una recuperación del tiempo, hay que reclamar el tiempo para la vida, ya no es cuestión de tomar el estado, la revolución ahora debe pasar por el tiempo y lo que le hacemos, hay que pelear por ganar, primero, la significación de lo cotidiano, hay que crear incluso sobre los ámbitos productivos, la necesidad de que las personas recuperen lo que significan, lo que crean, es recuperar el control a partir de obtener conciencia de las situaciones en las que estamos inmersos, lo primero es enseñar, estamos acá, y a partir de allí romper con todas las continuidades, recuperar lo extraordinario, es esto una práctica, lo primero que debemos hacer es recuperar nuestras propias vidas, y desde allí la propia acción se propaga, se expande, se multiplica por la exposición. No puedo garantizarles eficiencia, claro está, pero lo transformado es la propia forma de existir. Toda práctica, en tanto que es legitimada por una existencia, se expande, por eso planteo que es incorrecto que piensen en este momento en las probabilidades expansivas a nivel social, pero todo cambia si lo que escuchan de todo esto es sobre el problema de lo que Ustedes mismos legitiman y pueden legitimar, eso es todo lo que les pido.
El literato pidió la palabra y habló así, está bien, lo que pedís está bien. Tampoco te puedo decir que no creo poder, con todo lo que eso implica, pero lo voy a intentar. Es como una práctica teatral con fines revolucionarios, está bien, tiene contenido, me gusta que la gente joven tenga ideas, es cierto también que hubo siempre muchas ideas, y que algunas tienen más relevancia que otras, igual no hay que perder la necesidad de intentarlo, eso me gusta, Usted me devuelve al eterno problema del cómo, no sé si comparto su respuesta, quizás no tenga nada de malo, pero no sé si es la mía, lo que yo hago es escribir, pero me parece que esto de hablar sirve, incluso podríamos proponer soluciones, en todos los casos diferentes, y con eso planteamos el tema. Eso si lo puedo hacer. Me gustaría incluso, en algún cuento. Pero hay algo que tenemos que saber, el poder y el dinero gobiernan este mundo, no el arte y el conocimiento, me gustan sus ganas, pero a estas alturas de la vida soy un poco más escéptico, las cosas cambian muy de a poco, con el correr de los lentos años, de persona en persona, tan de a poco que veces me hace pensar que el mundo y la historia no conocen nuestro promedio de vida. Y no me vas a decir que la capacidad de ponernos de acuerdo es ahora tan grande que esto puede explotar la sociedad solamente porque una práctica se expanda, es muy probable que lo que pase es que algunos de los que siempre quieren las respuestas te escuchen y algunos te sigan, porque quizás consideren que hablás bien, algunos hasta quizás se contagien de tu energía y retomen sus preguntas pero plateadas desde sus lugares, y otros, los que nunca supieron que existe un mundo infinito en el que se puede meter la cabeza, quizás jamás se sienten a conversar con tigo en una mesa, ni comprendan lo que tú estás diciendo, es que el mundo social es muy grande, incluso pretender llegar a su amplitud es prepotente, es anular su pluralidad, hablamos para los que nos entienden, y nada más. Igual le agradezco la invitación, ha sido muy bueno para mí sentarme a conversar con Ustedes.
Aquellas palabras fueron demoledoras para Sixto. Pero no se dejó desmoronar. Miren, yo me voy de esta ciudad, aquí la geografía no ayuda, es cierto lo que Usted me dice, aquí hay mucha pluralidad, y en todos lados es igual, pero aquí sobre todo, me voy para los cerros de chile, para la costa, a un lugar pesquero y chiquito, voy a tener un barco. Desde allí voy a operar sobre una población puntual, modificando cada una de sus costumbres sin que lo noten, así dejaré un mensaje para el mundo que todos puedan comprender, lo dejaré vivo para siempre, quedará practicable, y quienes se inserten en esa comunidad saldrán de allí con otra cabeza, comprendiendo la vida desde otro lugar. No puedo llegar a todos, es cierto, pero si logro construir solamente un lugar en el mundo, donde lo que exista entre nosotros sea diferente entonces quienes quieran venir sabrán que eso es posible, y lo propagarán. Ese lugar será fuerza para el cambio. Y si fracaso, entonces no importará, porque habré vivido intentándolo.
EL profesor tomó la palabra entonces. Es muy difícil que hagas eso que decís, pero si lo lográs seguramente será algo hermoso.
EL literato dijo después, si, sería hermoso, pero dudo que puedas cambiar a todo un pueblo, no sos conciente de lo que estás diciendo, igual espero que esto no te decepcione,´pero si que te alerte, y te de alguna referencia sobre la ubicación del mundo. Igual no te preocupes, yo pago la ronda de cafés.

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