
El hermano de Sixto Solar, Junio Solar, estaba cocinando empanadas. Usaba un kilo de cebollas y un kilo de carne, le ponía aceitunas, y siempre las hacia fritas. Tenía familia e hijos, dos varones, uno de diez años, y otro de catorce. Fue el único que recordó al extinto, fue en un sueño que lo despertó a mitad de la noche. No sé nada de mi hermano hace varios años, se dijo dos días después de que el mar se tragase a Matilde. En su sueño había revivido la vez que su hermano le pegó en el estomago, que hijo de puta era ese Sixto. Pero inmediatamente se levantó y se puso a escribir verborrágicamente un guión para un corto.
Blanco y negro, pero cambiando los tonos negros a azules. Película casi muda.
1) Mujer mayor acostada, con las sábanas hasta la pera. No tiene colchón ni muebles, no tiene ventanas ni pensamientos. Despertarse y bostezar, tiene un camisón largo hasta los pies. Sin otra cosa que hacer va hasta el baño y mira su cara, no la lava ni toca su pelo, solo la mira, tildada en algo que no está en la imagen.
2) Sale del baño y cruza un living sin muebles pero con sillas y un jarrón en el piso, abre la puerta de entrada muy decidida y sin sueño. Una vez en el pasillo del tercer piso toca el timbre en las tres puertas que comparten el hall. Ella se va metiendo en las casas en la medida que los vecin+s abren las puertas, y da vueltas algunos muebles mientras los vecin+s preparan una ropa en un bolsito que dejan en el medio del pasillo. Uno de los vecinos se saca las ojotas y las pone en el bolso también.
3) Ella termina de ordenar los muebles de casas ajenas y cierra el bolso, juntando toda la ropa que le han dado. Se va sin saludar, los vecinos quedan hablando en paños menores en el hall del pasillo. La mujer mayor acostada entra en el ascensor y mira los pisos pasar, hay dibujos hechos en los espacios entre los pisos que pasan.
4) Cuando llega a la entrada se encuentra con el encargado cosiendo en su escritorio, está uniendo dos pantalones desde la pierna, los expone tomando los extremos con las manos, los da vuelta, la mujer abre el bolso y los guarda. Deja el bolso en el piso y se abraza con el encargado, feliz abrazo, saltan en el lugar contentos, dan vueltas. Sin gestos en la cara él se vuelve a sentar, ella toma el bolso y sale por la puerta sin usar la llave.
5) Siguen hablando los vecinos en el hall del pasillo, repitiendo la escena anterior, pero ahora están vestidos elegantes, el mismo bolso, la mujer sale de acomodar los muebles (dejarlos tal cual en la última vez que los había dejado dados vuelta) y baja por la escalera. Camina lentos y largos escalones saltando de dos en dos, o de uno en uno pero con pasos muy marcados. Cuando llega a la entrada el encargado es un maniquí. Ella deja el bolso en el piso y acaricia al maniquí, lo besa largamente y apoya su cara en el rostro ausente e inmóvil. Saca su llave y abre la puerta.
6) Es muy temprano en la mañana, todavía están prendidas las luces aunque es de día, ella camina en camisón mirando el piso, ausente de todo lo que a su alrededor no existe. En un momento se para y detiene su marcha, vuelve dos pasos porque olvidó algo, pero decide que aquello no es importante y vuelve a regresar en la dirección en la que estaba caminando en un principio. Alcanza a levantar la vista.
7) Entra en el subte. Baja las escaleras, llega a la mitad de un pasillo y deja el bolso en el suelo, lo abre y comienza a acomodar las prendas una por una, muy sobre la línea de la pared. Prolijidad es el segundo nombre de la vieja. La última prenda que acomoda es su propio camisón, bien estirado, queda en ropa interior.
8) Las personas caminan el pasillo como si ella no estuviese allí. Un señor más viejo que ella se para en frente suyo y la mira. Mirando de cerca, primer plano, en su cara se ve la expresión de un degenerado, si tuviese bigotes se los peinaría mientras sonríe y levanta las cejas de felicidad. La mujer inmóvil con sus manos a los costados sigue mirando el duelo del piso. Un niño se para al lado del viejo para mirar, creo que se reía, ella levanta su cara con una tierna mueca y le besa la frente. En lento retorno a su antigua posición su mano acaricia la cara del niño con la lentitud de los relojes. Dos personas más llegan y las dos anteriores se van. Los dos primeros se paran formando un grupo de cuatro, inmediatamente los otros dos se retiran, los dos que llegan cuestionan con sus manos semejante actitud, hasta se atreven a poner el dedo gordo de su mano izquierda entre el cinturón y la camisa. La mujer que no tiene expresión de enojo en la cara, saca un papel de un bolsillo del camisón, se los da a leer y hace breves gestos de explicación que calman los ánimos de los, en ese entonces, comprensivos señores.
9) La mujer, todavía parada en su lugar, mira la pared al otro lado del pasillo, con sus largas manos cayendo sobre los costados de su cuerpo, con los ojos perdidos. Pasa un hombre joven desnudo caminando por el pasillo con la frente bien alta, la cámara la enfocaba a ella desde la otra punta, el hombre desnudo es solo un segundo largo.
10) Cuando ella mira a un costado, donde antes estaba la ropa, ya no hay ropa, y solo queda el bolso en el piso. Ella cierra el cierre. Se viste poniéndose el camisón aunque antes no hubiese ropa en el pasillo y el bolso estuviese vacío.
Camina por el pasillo y sale del subte. El pasillo no tiene que ser necesariamente un pasillo de subte, se puede jugar con la discontinuidad usando un pasillo lindo pero que pertenezca a otro contexto.
11) Aparentemente se ha hecho de noche en la calle. Ella va a una plaza y saca del bolso una almohada. Deja el bolso a un costado y la almohada en la punta del banco de una plaza. Queda sentada y después se acuesta. Siguiendo por el sendero que divide la plaza podemos llegar hasta un señor de largas barbas que hace ejercicios poniéndose en cuclillas y levantándose, lleva las rodillas lo más alto que puede y después estira sus manos para los costados y para adelante. Su ropa está bastante en mal estado. La mujer tiene un sueño.
12) La mujer despierta y guarda la almohada en el bolso. Se acerca a un puesto de diarios por detrás y toma un periódico sin apuro ni miedo. Va detrás de un árbol, estira la tapa del diario en el piso, hace sus necesidades sobre ahí, tira el papel usado en un cesto y devuelve el resto del diario.
13) Va a un negocio de comidas donde parecen conocerla pero no le prestan atención. Entra en la cocina del negocio sin preguntar y se pone a lavar copas. Las pilas de platos y copas aparecen y desaparecen mientras ella lava.
14) Cuando termina seca su frente y se sienta en una mesa con platos por la mitad, lo que las mesas dejaron, lo que sobró, y come de eso tranquila y con tiempo de sobra.
15) Cuando entra al edificio no usa la llave. El encargado dormía, le besa la frente y le deja el pantalón que le había entregado el día anterior en el escritorio. Vuelve a entrar, baila con el encargado y no le deja el pantalón. Abre la puerta del ascensor, entra y la cierra. Aparece en el pasillo.
16) Las puertas del pasillo abiertas y los vecinos con otras ropas diferentes todavía ahí. Mira el interior de las casas y los muebles estaban al derecho. Se lamenta con una mueca, negando con la cabeza.
17) Abre la puerta de su casa y entra en la cocina. Entra una niña a la cocina que se sienta en la silla con un vaso de leche en la mano. La vieja abre el horno y saca galletitas que deja al alcance de la niña en una silla cercana. La niña come y bebe mientras la vieja vuelve con una olla con agua. Se pone a lavarle la cabeza a la niña con shampoo. Te voy a lavar la cabeza mijita.
Cuando termina de escribir esto piensa en ponerle a la película Shampoo, y se queda imaginando como interpretarían los párrafos para transformarlos en escenas. Algo tenía que ser recordado, pero no estoy seguro que era. Así Junio olvida a Sixto, quien sabe que hubiera pasado si esto no fuese así, podría ser que su hermano lo hubiera salvado, pero eso no llegó a pasar, nunca.
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