domingo, 6 de junio de 2010

Diecinueve


Estos son unos textos escritos por Sixto Solar, fueron cronológicamente anteriores a las situaciones expresadas por el capitulo que Usted acaba de leer. Entonces son textos anterior a cualquier posibilidad de orden de lectura, dentro de este libro.

Puntualmente este cuento sobre la historia de Sixto y Matilde es totalmente irrelevante, así que si quiere puede no leerlo.

Sobre la meditación de Dios y la posibilidad de que la vida deje de existir.

Dios, replegado sobre sí mismo, es perfecto. Por amor infinito crea el mundo y todo lo que existe, y con ello crea la imperfección. ¿Por qué?

En su perfección es uno y todo al mismo tiempo, entonces se expande, crea el universo encontrandolo dentro de si, creando sus leyes y su movimiento, dandole la posibilidad de devenir, Dios crea las condiciones para la vida, existencia individual, manifestación imperfecta y acotada, expresión de Sí, para que exista la capacidad de decidir, libremente, y transitar el camino a la recuperacion de la armonía en la unidad, el reconocimiento de lo que nos hace Uno. Entonces se hace imperfecto, se fracciona por propia voluntad, la Vida se hace infinita vida. Cada un+ de nosotr+s contiene, en su interior, esa vida expresión de Dios. La vida misma es el transitar nuestra imperfección hasta ser capaces de comprender que somos.

Aun no siendo imperfecto Dios puede, en su infinita capacidad, pensar la imperfección. Y la crea para sufrirla, para vivirla, para perdonarla. Dios crea el pecado, porque lo comprende necesario, y por eso puede perdonarlo, el ejercicio de nuestra libertad implica el tránsito de cada historia en un camino, de cada vida en un camino, la perfección existe, pero aparece inaccesible para la vida en particular. Si el pecado no fuese posible no existiría la verdadera libertad, si no fuésemos capaces de equivocarnos no podríamos comprender lo que implica la sabiduría para elegir correctamente. Frente al problema de la libertad esta podría haber sido impuesta, negándole a la vida la capacidad de elegir mal, o enseñada. Esto último implica entregar la capacidad de discernir, conocer las posibilidades, la exploración, y el encontrarse con la verdad libremente, por eleccion de vida, ser libres implica el camino del conocimiento de lo que somos, desde allí comprendemos la necesidad de aprender a elegir, de reconocernos, de reflexionarnos. Eso somos, la necesidad de comprender.

Cada infinita fracción de Dios cobra conciencia de sí misma, de su individualidad, y en ese estado es imperfecta, carente de todas las otras partes que aparentan ser externas. Hasta que alcanza, mediante la conciencia de su propia vida, la conciencia de la Vida, es decir aprende a comunicarse con su vida que es parte de la Vida permitiendole a la Vida que le enseñe desde su vida. La existencia es la purgación que una de su partes decide experimentar para elegir infinitas veces ser uno, porque la vida tiende siempre a su unidad, en última instancia a través de la muerte y el problema de la vida es como, en su capacidad de ser imperfecta, reconocer su perfección. Sus partes deciden su existencia, eligen vivir, y atraviesan la vida hasta encontrarse con la decisión total e inevitable de superar la existencia, la individualidad, para entregarse otra vez a la meditación, a la perfecta unión del todo.

Otra vez uno vuelve a multiplicarse y vuelve a recorrerse para volver a unirse. Este es el gran círculo. Mientras ese circulo es recorrido existe el tiempo y el espacio, y existe la imperfección y todas las injusticias y el sufrimiento. Y todo aquello es necesario. Es así, separándose de su unidad perfecta, como cada fracción de Dios es libre de experimentar. Entonces cada una de sus partes puede explorar las posibilidades de equivocarse, puede practicar la ignorancia, decide matar y no amar. Para reencontrarse infinitamente en la longitud del tiempo, en la lejanía de la historia.

Es así como infinitos mundos son creados, y la vida fluye y se multiplica en ellos. Cada vida transita su carencia hasta que supera la ausencia de conciencia y entonces aprende a practicar la libertad en un conjunto establecido por existencias particulares que aprender a vivir en paz. Así Dios construye los caminos posibles para que cada una de sus partes comprenda su unicidad, y aprenda a practicarla, aun en su imperfección. Incapaces de reconocer esto existen etapas históricas de cada conjunto en las que la vida no sabe que tiene que realizar este recorrido, y aun sabiendo que tiene que hacerlo despues tiene que lograrlo, y es muy probable que incluso en concepto de sociedad sea pequeño para dar cuenta de este proceso, por eso me parece que la palabra correcta es vida. Retorno a la paz de la unidad practicada aun por las expresiones particulares. Entonces la vida existente crea el poder y se destruye, se encierra en la ignorancia, y practica consigo mismas todas las facetas de la incapacidad de reconocerse por ignorancia. Estos estadios, en esa longitud largísima e inconmensurable, son muy pequeños, diminutos. Pero son sumamente necesarios. Esto es así porque también es necesario, en este recorrido a la unidad, ser ciegos. Sí cada una de las fracciones estaría dotada con el conocimiento y la fuerza para no equivocarse, cosa perfectamente posible para quien todo lo puede, no habría posibilidad de que lo imperfecto exista. Y todas las posibilidades pueden ser exploradas en la infinidad del tiempo, para el conocimiento de lo real. Entonces es necesario carecer de la visión de la unidad para encontrarla. Para elegirla una e infinitas veces. Este es el camino que la vida hace, una y otra vez, nacimiento, ignorancia, libertad, y en ese tránsito genera historias que explican lo que la vida puede ser, que generan para Dios el conocimiento de Sí, de todas sus posibilidades. Dios, para recorrer su infinita vida, explora su unicidad perfecta y explora la atomización y la imperfección en particular. Y en todo devenir, posible o imposible, el retorno es a la conciencia.

Dios posee un solo límite, no puede evitar reencontrase, tender a Sí. Y lo elige una y otra vez, en cada historia que la vida manifiesta. Es así como todo lo que existe es perfecto, en la idea de movimiento. Al carecer de la visión del todo lamentamos el sufrimiento y nuestra forma incompleta y creemos que todo esto no es necesario. Pero la vida es necesaria, la agonía es necesaria, la alegría es necesaria y el amor es infinito.

Pero, aunque sea como posibilidad, existe una situación en la cual la vida puede elegir no encontrarse, puede elegir no comprender lo que es, puede no amarse, puede ser que Dios, en alguna de sus infinitas posibilidades, cree una historia en la cual exista esa incapacidad de reconocerse aun en la infinidad del tiempo. De esa manera la paz no llegaría nunca para esa historia, y lo que la vida es no sería jamás reconocido. Pensemos en la imposibilidad practica de la vida de comprender la Vida.
A pesar de ello, para Dios, esto no implica que en la muerte la vida no recobre siempre su unicidad y armonía, y en la infinidad de historias posibles, que una historia contraste la posibilidad de no comprenderse puede existir. Esto, entonces, no implica problema para Dios, aunque si lo implica para la vida que despliegue esa historia. Siempre existirán vidas dispuestas a vivir las posibilidades de la historia.

Ahora bien, a pesar de que ese tipo de posibilidades existen, la capacidad de la vida de perder su unicidad y armonía no puede ser real. En primer lugar porque siempre existe por parte de Dios la capacidad de entregar conciencia, y con ello devolver la armonía y la paz, y en segundo lugar porque la inmortalidad no existe porque la muerte no puede ser derrotada por las expresiones de la Vida.

Entonces Dios existe y tiende a sí mismo, a su armonía, a su paz, tiende a hacerse uno y perfecto, a comprenderse aun en la vida. Siendo que esto sea desplegado una y otra vez la vida existirá. Porque Dios ama la vida. Pero también es posible que todas las posibilidades tengan que ocurrir, entonces Dios interrumpiría la vida, matándola para siempre. Porque esa posibilidad también existe, porque la Vida puede comprender que no dejará nunca de encontrarse, y puede llegar a la conclución, por amor, de dejar de permitir que la vida sufra su ignorancia, o solamente porque puede ser necesario evitar aquella posibilidad en la cual el retorno a Sí sea violentado por la exploración y el conocimiento de lo infinito.

Cuando Sixto Solar terminó de escribir esta propuesta a Dios de una tragedia griega, en la cual la vida dejaba de existir, solamente porque esa posibilidad existía, o por lo menos porque Dios podía pensarla, Sixto creyó que realmente eso ocurriría, que él implicaba la necesidad de hacer existir esa posibilidad, y que había traído, con su nacimiento, el fin de la vida. Pero como nada de eso ocurrió optó por considerar dos opciones, la primera era que todavía no hubiera llegado el tiempo para que esa posibilidad se realice y que aquello podría ocurrir aun mucho tiempo después de su propia muerte, y la segunda posibilidad era que, en Dios, existiese algo que él no estuviese considerando. Incluso pensó que puede ser posible que Dios deje de existir. Mucho tiempo después comprendió que las leyes de la vida son perfectas e implican que la Vida existirá por siempre.

Pero, en ese momento, aquello no lo dejó tranquilo, de hecho, lo dejó en peor situación que antes, había incluso intentado comprender a Dios, y esto no había resultado. Entonces se sentó, y escribió lo siguiente.

¿Qué es lo que pasa con esas memorias que se repiten en el presente? ¿Cómo hago para explicar una casualidad cuando existe la posibilidad de encontrar relaciones casuales en todos lados? Desperdiciando los últimos intentos por sostener un poco de coherencia los hechos comienzan a unirse por inercia y la amplitud de posibilidades a la hora de elegir una trama, una continuidad, son ilimitadas.
Suponer una realidad anterior a la realidad, un trasfondo todavía irreconocible pero suficiente es una tragedia. Los hechos más irrelevantes vuelven, aparecen otra vez, se instalan por el llamado de otros hechos, igual de intrascendentes. Esconden en su insignificancia un arma tan eficaz como aterradora. Generan la imposibilidad de toda explicación. Entonces fui atrapado en mi propia historia, no tengo más alternativa que reconocerlo, mi vida fue devorada por mis textos y es ahora que puedo darme cuenta que ya no sé cómo salir. Y también puede ser que esto sea lo mas cómodo de admitir. Sería lo más sencillo para mí y por esto puede ser una debilidad, aunque en el caso de desechar esta opción puedo estar en presencia de una necedad.
Mis esfuerzos se concentraron en generar una historia abierta, aquella en la cual existan relaciones invisibles entre cada una de sus partes, una sucesión de desconexiones que obliguen a las personas a generar un fondo inexistente. Es un método que induce al delirio. El problema es que no conté con que aquello mismo sea lo que logre captar mis esfuerzos comunicacionales. Mi memoria, sublevada sin mi consentimiento, encuentra en muchos detalles de similar naturaleza, iguales a los que yo sembré pero más corporales, una forma de imitarme. Es entonces cuando un programa de televisión, una conversación en un bar, un viaje en subte o la indicación de una distancia se representan a si mismos, aparecen hoy como aquello de lo que hable ayer. Es imposible, cualquier intento por compartir esto fuera de la escritura no tiene sentido, estoy encerrado en una incapacidad de reconocer lo que puede ser real de lo que no. Solo puedo saber que el mundo no es la realidad.
Hace mucho tiempo que presencio conexiones que no puedo explicar, pero el hecho de que esas conexiones existan me perturba, aunque no puedo dejar de aprender. Todos mis relojes se pierden en estos espacios, me veo obligado a recorrer el camino para atrás. Lamentablemente tengo que reconocer que he atravesado todas las posibilidades, recorrí desde los lugares divinos hasta los patológicos, ególatras o insignificantes. Ninguna posibilidad es suficientemente real, y aquellas posibles carecen de capacidad explicativa, son suficientemente pequeñas como para no dar cuenta de la cantidad de hechos que se cruzan.
Entonces Usted llegará a una conclusión similar a la mía, debe ser patológico. Los más me contentan con un hecho muy sencillo, desde el momento que existe una capacidad de duda sobre estas conexiones ya no puede haber, por ejemplo, esquizofrenia. ¿Y si no es así?, que pasaría si ellos se equivocan, sí ese diagnostico fuera el correcto pero, a pesar de ello, conservo la capacidad de dudar, de permitirme poner sobre tela de juicio cualquier conclusión comprensiva. En ese caso la situación se pliega y aparecen otras muchas posibilidades. La primera es que existan algunas partes de lo que yo considero real, aquello sobre lo que no dudo, como el lugar en el que estoy sentado, que si sean delirios. El problema aquí es que no sabría por donde empezar a dudar, debería dudar de mi madre y de mi nombre, de mi cuerpo y de las plantas. Comenzar a preguntar, a indagar uno por uno, y esto puede resultar en el incremento de una severa paranoia. Entonces el hecho de analizar la duda no puede solucionar esta situación sino solo profundizarla. Desconozco si esto es bueno o malo. Tampoco puedo desecharlo. Lo tercero es que, dentro de un comportamiento esquizofrénico que yo posea, de alguna manera inusual, exista una capacidad que obligaría a replantear los límites de este concepto. Suponiendo que puedo decidir y reflexionar sobre aquellas impresiones sensoriales que creo y proyecto en el mundo a través de mi percepción, es decir, considerarlas en pie de igualdad con el resto de las impresiones sensoriales externas pero reconociendo la diferencia en su origen, la situación se pliega nuevamente. Si soy capaz de reflexionar y dudar de mis delirios es por algo, para algo. Existen posibilidades ilimitadas que podrían abrirse ante esta situación, pero por lo menos tendría un diagnostico y limitaría mi campo de acción.
La cuarta opción es que no esté muy lejos de conexiones psicológicas, hechos psíquicos, y que el todo sea real. Entonces un trasfondo fantástico sería necesario. Pasaría a necesitar una ficción. Otra vez tendría que suponer conspiración, aunque sea un poco, y un poco de exageración, pues la conspiración debería ser demasiado grande para dar cuenta de todas estas explicitaciones de una trama ausente. El universo entero debería estar implicado en este asunto. También en esta opción, y sobre todo en esta opción, las posibilidades aparecen incontables.
Aunque muy conforme con mi capacidad de análisis la situación obliga a un cambio de método. La falta de información y de una decisión interpretativa que permita el cierre narrativo de mi situación impiden la comunicación. Píenselo desde este lugar, la identidad no deja de ser aquello que somos capaces de decir sobre nosotros mismos, es nuestra propia historia cuando se despliega, en definitiva, es la memoria que tenemos de nosotros mismos. La memoria se supera en la practica, haciendo real el mundo, y la reflexión, aquiriendo conciencia de la realidad. Fuera de eso vivimos encerrados en la memoria. Esta realidad anterior al mundo que daría sobre mis prácticas y sobre las experiencias que me acosan día a día un cierre significativo se me escapa, y esta distancia anula la posibilidad de saber quien soy. Yo no puedo contarme, no sabría que decir, no puedo elegir como interpretar los hechos. Imagine a un escritor bloqueado, tiene todos los acontecimientos de su historia, pero todavía no eligió si va a escribir sobre ciencia ficción o sobre psiquiatría, sobre arte o sobre quién. ¿Qué podría contarles sobre mí si no puedo hablar, como explicarme si desconozco la trama? Claro que puedo contarles los hechos, los sucesos que escapan a mi comprensión. Desde allí puedo contarles aquello que me tortura, es decir las posibilidades materiales que pude analizar y sus consecuencias. Entonces podrían comprender, sino la realidad anterior al mundo que no existe, por lo menos el callejón en el cual me veo atrapado. Elegir, cualquier opción, sería para mí la salvación, en algunos momentos de desesperación creo que optando por alguna, por cualquiera, obtendría paz. Pero sé que eso no es real, que conformarme y mentirme no me alcanza, necesito algo que sea de verdad. No puedo elegir, aunque aquella elección implique aceptar locura inevitable no puedo. Necesito encontrar lo que ya estaba allí. Y no es porque no quiera ser loco, creo que entre las opciones que manejo es una que me agrada bastante, es sencillamente que esta opción es compleja pero de poca capacidad explicativa.
Me veo en la obligación de escribirlo todo, debo leerme y pensar. Tengo que elegir, o quizas dejarme elegir, si la opción correcta no aparece seguiré perdido y eso ya no lo puedo soportar. Entonces me veo en la obligación de contarlo todo. Primero los hechos, y después los delirios. Con las opciones sobre la mesa elegiré, y si es que eso es imposible con mis propios medios, posibilidad que después de todo es una opción, deberé actuar en consecuencia.
Voy a tratar de ser claro, me pasan cosas, sucesos, acontecimientos, situaciones, hechos, practicas, fenómenos o lo que fuere que, dentro de la lógica establecida según los mandatos de lo que se considera posible, no podrían sucederme. Entonces me veo en la obligación de crear la conexión que une esas cosas que pasan, sucesos, acontecimientos etc. Necesito saber si existe o no esa conexión, necesito saber cuál es comprención correcta de la realidad, y si sabe hablar, o puede hablarme. Las posibilidades que se me presentan, reales o no, hablan sobre mí, dicen quien estoy siendo. Delirios o realidades, cualquiera sea su raíz, por algo yo soy capaz experimentar. Algo dicen sobre lo que no puedo resolver. Pero aquí se presenta otro problema. Como persona que habla sobre sí mismo me veo en la obligación de aceptar que, necesariamente, existirá una distorsión sobre lo que soy capaz de decir sobre mí. Censuraré montones de cosas que no soy capaz de reconocer, cosas que mí memoria no me permite rescatar, y pondré en su lugar eso mismo, pero de una manera que mis propios límites a la hora de hablar sobre mi me permitan.
Una posible respuesta es que me asista por un tercero, más imparcial y capacitado, para que me ayude a resolver todo esto. Este es un argumento de bastante peso, pero píenselo de esta manera, sí no soy capaz de sincerarme en una anónima hoja en blanco, ¿Cómo podría contarle todo a un tercero? Mí mejor y única opción es derrotar mis miedos y escribirlo todo. Tengo que soltar hasta lo que me resulte más difícil, solo cuando logre un profundo sinceramiento, un esclarecimiento que me defina cuales son aquellas situaciones vividas que no pueden dejar de ser reales, solo cuando descubra si el mundo existe, cuando reconozca qué es lo que no puede ser real y lo acepte, solo entonces podré elegir algo. Puede ser lo más sencillo o lo imposible.
Tengo que recorrerlo todo y en esa afirmación otra posibilidad de situación se despliega, vivir implica una producción constante de estas situaciones y, sobre todo, una creación constante de posibilidades interpretativas. Entonces el análisis se desplegará hasta el infinito, eso si soy capaz de resistir por tanto tiempo. Quizás me muera antes, de desesperación o de hambre, y nunca encuentre la respuesta. Si alguien pudriera ayudarme a ahorrarme toda esta tarea imposible me daría una gran ayuda. Por favor.
Es cierto que, desde lo literario, esta tarea me representaría una cuantiosa información. De hecho, si lo planteo desde este lugar, existe la remota posibilidad de que sea yo mismo quien no me permita encontrar la respuesta correcta para buscar, para crear caminos de busqueda, proyectando sobre los hechos una carga de irrealidad, entendiendo esto por las posibilidades del mundo aun no reales.Y todo esto para mantenerme constantemente alejado de mí mismo. Con esa estrategia conseguiría transformarme en una distancia entre yo y yo mismo. Podría resultar que soy quien genere las ausencias, me obligo a mantenerme distante para crear un monstruo, para torturarme por algo, para escribir, para sufrir, para vivir, para lo que fuere. Puedo estar atrapado en la propia historia o estar forzándome a escribirla. O la realidad puede estar mimetizándose. Todas son posibilidades, debo explorarlo todo, con sinceridad, con paciencia, sin expectativas. Me gustan las cosas que no llevan a ningún lado, sobre todo porque aquello sería un error, y de los errores todo se lo puede esperar. Pero este error contiene la posibilidad de una perdición irreversible. Puede ser un falso camino, quizás sea exactamente lo que no tengo que elegir.

Tengo miedo de no poder con todo esto y el miedo paraliza. ¿Y si empiezo y no consigo nada? Puede que todo sea inútil e imposible, ¿debería detenerme por eso? Claro que no. Pero aun sabiendo eso todavía no resuelvo el problema de la verdad. Puedo empezar a recorrer incontables caminos sin llegar a ningún lado, puede que no me lo permita. Eso daría muchas páginas, muchas horas con los ojos perdidos en cualquier lado para pensar, pero eso no me garantiza llegar a ningún lado, a la ausencia de lugar, a lo que no está. Tengo que admitirlo, aunque no necesite de esas garantías, sigo teniendo miedo de empezar y verme atrapado por una historia que no me de respuestas, no quiero verme forzado a escribir mi propia perdición. Lo más peor de todo y lo más probable es que ya esté escrita, lo que no sé es sí la escribí yo o sí ella me escribió a mí.
Por otra parte si es menester que encuentre esta relación haga lo que haga la relación se me presentará. Entonces, lo único que tengo que hacer es demostrar que, por mis propios medios, no puedo solucionar el problema. Debo llegar a la conclusión que no hay posibilidad de solucionar esto, que no soy capaz, sólo así la respuesta vendrá a mí, por piedad, para reconocer mi humildad o mi torpeza, pero vendrá, si es que existe y sabe caminar. Mientras siga buscándola no aparecerá, entonces tengo que renunciar desde el corazón para encontrar las explicaciones, pero aquello, disididamente, me mataría. Dejaría de ser yo, algo en mi desaparecería, un abismo. Eso es lo que tengo que encontrar. Un vació gigante. Enorme. Gigante. Tengo que permitir a la voluntad de no poder que me encuentre. Deberé tener el espíritu de un santo. Espero se escuchen mis plegarias.

Estas palabras lo dejaron aun más perdido. La solución al problema de la existencia era imposible para él.

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