
Matilde Centurión entró a la casa histérica, golpeó la puerta al cerrarla y comenzó a hacer como si le gritaba a Sixto, pero sin emitir ni un sonido, excepto por las cosas que se rompían contra la pared. Sixto Solar le pregunta, ¿Qué te pasa? Pero ella sigue gritando sin voz. Esto esta más que claro, le dice él, y ella que rompe en llanto por la impotencia, por no saber cómo hacer para que Sixto la entienda. Matilde se levanta e intenta golpearlo, pero Sixto le ataja la mano y le besa las lágrimas.
Matilde Centurión está cortando el pasto, con una pincita de depilar, y Sixto Solar sale con su camiseta blanca a desperezarse, luego entra en la casa, y vuelve a salir, otra vez a desperezarse. Matilde sigue cortando el pasto, sin prestarle atención, entonces Sixto entra en la casa, entra en la habitación, toma un cajón que tenía toda la ropa de Matilde, sale de la habitación, sale de la casa, y le tira toda la ropa en la cabeza, Matilde no deja de cortar el pasto con su pincita de depilar.
Sixto Solar estaba duchándose, y estaba cantando, Matilde estaba en el comedor de la casa, desnudando a un montón de hombres y mujeres, diciéndoles donde debían dejar sus ropas para que nada se pierda. La primera en entrar fue la mujer del panadero, que a esas alturas tendría unos sesenta años, y así, de a poco, fue la primera vez que hubo veintidós personas en un baño tan pequeño. Veintitrés con Matilde. Sixto nunca dejó de cantar.
Sixto Solar estaba frente a un atril, con una hoja en blanco, varias pinturas, pinceles de diferentes tamaños, Matilde sosteniéndole un sombrero por la espalda, las ideas para hacer la pintura que no tenían por qué llegar, Sixto Solar que mira los colores pero que no quiere decidirse, Matilde que le pregunta por el sentido de pintar a una modelo que no está viendo, Sixto Solar que le pide que no lo desconcentre, Matilde que le pone el sombrero a Sixto, Sixto que se da vuelta furioso y le dice, no puedo seguir usando zapatos.
Matilde estaba en la cama, doblando las sábanas, guardando las frazadas del invierno en el placar, Sixto Solar entró en silencio y se sentó sobre la almohada, pidiéndole a Matilde que se siente a su lado con un gesto de la mano. Ella se dispuso a escucharlo, pero el solo le dijo te amo.
Matilde y Sixto dejaron de existir el día en que Matilde fue tragada por el mar, y comenzaron a existir el día en el que se reconocieron.
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